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Noticia Publicada en Noviembre de 2018

Una vacuna de ADN reduce las proteínas tóxicas vinculadas al Alzheimer

Investigaciones anteriores ya establecieron que los anticuerpos reducen significativamente la acumulación de amiloide en el cerebro

Una vacuna de ADN probada en modelos de experimentación reduce la acumulación de los dos tipos de proteínas tóxicas asociadas con la enfermedad de Alzheimer, según concluye una investigación que los científicos dicen que podría allanar el camino hacia un ensayo clínico.

El trabajo, realizado por el Instituto del Cerebro Peter O’Donnell Jr. de la ‘UT Southwestern’, en Estados Unidos, muestra que una vacuna que se suministra en la piel provoca una respuesta inmune que reduce la acumulación de las proteínas dañinas tau y beta-amiloide, sin desencadenar una inflamación cerebral severa, como ha sucedido con tratamientos con anticuerpos en algunos pacientes.

“Este estudio es la culminación de una década de investigación que ha demostrado repetidamente que esta vacuna puede atacar de manera efectiva y segura en modelos animales lo que creemos que puede causar la enfermedad de Alzheimer”, afirma director fundador del Centro de la Enfermedad de Alzheimer en ‘UT Southwestern’, el doctor Roger Rosenberg. “Creo que nos estamos acercando al momento de probar esta terapia en las personas”, destaca.

La investigación, publicada en ‘Alzheimer’s Research and Therapy’, demuestra cómo una vacuna que contiene ADN que codifica un segmento de beta-amiloide también reduce la proteína tau en modelos experimentales que se han diseñado para tener la enfermedad de Alzheimer. Además, la vacuna provoca una respuesta inmune diferente que puede ser segura para los humanos. Dos estudios previos del laboratorio del doctor Rosenberg mostraron respuestas inmunes similares en conejos y monos.

La vacuna se encuentra en una corta lista de tratamientos prometedores de anticuerpos dirigidos a proteger contra ambos tipos de proteínas que eliminan las células cerebrales a medida que se propagan en forma de placas y ovillos mortales en los cerebros de los pacientes con enfermedad de Alzheimer.

Aunque las investigaciones anteriores establecieron que los anticuerpos reducen significativamente la acumulación de amiloide en el cerebro, el equipo de Rosenberg necesitaba encontrar una forma segura de introducirlos en el cuerpo. Una vacuna desarrollada en otro sitio resultó prometedora a principios de la década de 2000, pero cuando se probó en humanos, causó inflamación cerebral en algunos pacientes.

Por ello, la idea de Rosenberg fue comenzar con el ADN codificado para amiloide e inyectarlo en la piel en lugar del músculo para producir un tipo distinto de respuesta inmune. Las células inyectadas en la piel forman una cadena de tres moléculas de beta-amiloide (Abeta42), y el cuerpo responde produciendo anticuerpos que inhiben la acumulación de amiloide e indirectamente también de tau.

Reducción de hasta el 50 por ciento de las proteínas tóxicas

El último estudio, que consta de cuatro cohortes de entre 15 y 24 ratones cada uno, muestra que la vacuna provocó una reducción del 40 por ciento en beta-amiloide y una reducción de hasta el 50 por ciento en tau, sin desencadenar una respuesta inmune adversa. El equipo de Rosenberg predice que, si las proteínas amiloide y tau son la causa de la enfermedad de Alzheimer, lograr estas reducciones en los humanos podría tener un valor terapéutico importante.

“Si la aparición de la enfermedad pudiera retrasarse incluso cinco años, sería un avance enorme para los pacientes y sus familias –destaca la autora principal del estudio, la doctora Doris Lambracht-Washington–. El número de casos de demencia podría reducirse a la mitad”.

La enfermedad de Alzheimer se caracteriza por un deterioro progresivo del cerebro a medida que se destruyen las neuronas. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades estadounidenses, alrededor de 5,7 millones de estadounidenses tienen la enfermedad y se espera que la cantidad se incremente en más del doble para 2050.

No existe un tratamiento eficaz, aunque se están investigando y probando varios anticuerpos y otras terapias en ensayos clínicos para atacar las placas de amiloide y los ovillos de tau, ambos característicos de la enfermedad. Una estrategia, que aún se está probando para ver sus beneficios clínicos, consiste en producir anticuerpos en el laboratorio e inyectarlos en el cuerpo, una técnica denominada inmunización pasiva.

El doctor Rosenberg explica que permitir que el cuerpo produzca sus propios anticuerpos a través de la inmunización activa sería la estrategia preferible, si se puede hacer de manera segura. Entre las ventajas de la vacuna, señala que sería más accesible y menos costosa, además de que produce una variedad más amplia de tipos de anticuerpos que los anticuerpos preformados que contienen solo un anticuerpo específico.

Fuente: elmedicointeractivo.com

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